Poesía, Pensamientos, Gaia,Relatos,Muros

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"Le llamamos poesía." Liliana Bodoc.

Le llamo poesía, le llamamos,

a la aplomada hilera de ladrillos,

a la sopa fragante,

al cuaderno de puntas estropeadas.

Le llamo, le llamamos, poesía

a la espalda doblada de los viejos

transformados en signo de pregunta.

No importa si nos sobra el decasílabo

o si nos falta la rima.

Le llamamos estrofa

a todo lo que canta.

Le llamamos metáfora

al sudor,

a la nuca dolida,

al día que demora,

a los huesos de Carlos Fuentealba.

Nosotros, que tendemos las palabras al sol,

como la ropa blanca,

llamamos poesía al día que nos toca.

Nos hacemos poetas

entre ayer y mañana.


Liliana Bodoc 

"Antiguas costumbres del amor." Liliana Bodoc.


" Repartir un pan   entre todos  y leer  un  cuento  en voz alta

 son  las  más antiguas costumbres del amor"

Liliana  Bodoc. 

" La palabra y la honra." Liliana Bodoc

 

"Cuando pienso en sus orígenes no logro imaginarlas sino es a la par, la una por la otra. Erguirnos en dos piernas, acercarnos al cielo, balbucearlo. Balbucear el cielo, transformar una piedra en herramienta, nombrar el mundo.  Erguirnos, nombrarnos, erguirnos. 

El mundo de cada uno empieza y termina con su lenguaje. Sin embargo no creo que se trate solamente de la cantidad de palabras que manejemos, del número de vocablos que seamos capaces de utilizar con acierto. Creo que se trata también del uso que hagamos del lenguaje.

Porque nuestras palabras pueden denotar, aludir, adornar, pero pueden también obrar, ungir, transformar. Y entonces, no será tan solo la profusión sino también la cualidad sagrada y generadora que le otorguemos al lenguaje lo que va a constituir nuestros universos individuales y colectivos. En fin, el verdadero límite de nuestros mundos estará dado por la mayor o menor concentración simbólica, la mayor o menor intensidad sagrada que impregne nuestro lenguaje.  

Si cada palabra porta conocimiento, la palabra literaria lo porta doblemente, porque no hay un solo sentido en ella sino muchos. Porque la condición poética no solo engrosa los significados sino que genera significados nuevos.

Allí donde la poesía posa sus ojos una palabra pasa de ser «una unidad léxica» a ser un misterio. Una oración pasa de ser «una unidad sintáctica de sentido completo» a ser una selva, una ventana, un campo de batalla, un abrazo.

He dedicado gran parte de mi trabajo a los niños y a los jóvenes. Y a ellos quiero referirme brevemente.

Es habitual afirmar que la ciencia, la técnica y la política necesitan afianzarse en las nuevas generaciones. La palabra poética lo necesita también.   Y hay mucho por hacer en este sentido.  

Con seguridad, aquellos que de un modo u otro mediamos entre la literatura y los niños, entre la literatura y los jóvenes, tenemos la necesidad de leer, de pensar estrategias de lectura, de construir y co -crear con los chicos un estante propio, un canon único. Pero creo que también nos hace falta pensar la palabra humana como un contacto privilegiado con el mundo.

Lo primero que debiéramos enseñarle a un niño es a honrar orgullosamente su lengua materna. Y cuando hablo de lengua materna no me refiero tan solo al español, al aimará, al quechua, al guaraní, al portugués… Nuestras lenguas maternas son nuestros linajes lingüísticos, la lengua hogareña, la lengua que se cocinó en la ollas de nuestras casas. Porque no hay una solo español ni un solo guaraní; porque cada casa, cada barrio, cada madre es un dialecto.

Es urgente desandar el autoritarismo a la hora de pensar el lenguaje en la educación. 

Respetar la voz que el niño trae y enseñarle a que la ame es el primer paso para luego acrecentarla, desplegarla, hacerla lucir. No es mancillando la palabra que lo hizo crecer como vamos a unirlo al caudal del lenguaje. Es, en cambio, celebrando ese puñadito de conceptos que trae en el fondo del bolsillo como podemos otorgarle voz, y que su voz sea un camino.

El primer valor que rescato en el arte es su conexión con el etos de la sociedad donde se produce. No creo en el arte desarraigado, solitario, excéntrico… Creo en el arte como parte constitutiva y excelente de la cultura, el arte que contribuye a darle a la sociedad donde se produce una dirección sensible y una razón de ser.

Creo en el arte que concilia las exigencias de la estética con la muy justa aspiración de los pueblos a mantener su identidad profunda.

Espero que el arte sublime la cultura popular y no que la abandone como si se tratase de una pústula.

Supongo, entonces, que el principal valor que debe sostener el arte es su posibilidad de actuar sobre lo real para incrementar en lo real la densidad ética y la estética.

La literatura concebida y reinventada dentro del cauce social al que pertenece incrementa la densidad de significados. La palabra literaria es más potente si trabaja sobre la matriz simbólica de la sociedad a la que está sujeta puesto que dicha sociedad posee las claves profundas para interpretarla. Y poseer las claves profundas para comprender un hecho artístico es establecer con el arte una comunicación real y transformadora.

Las palabras, el silencio y los símbolos, sustento de la literatura, no son una construcción ilustrada, no son resultado de la erudición… Es la cultura toda la que bombea ese caudal. Entonces, no usemos la providencial agua de la poesía para regar la maceta privilegiada del balcón señorial sino para regar los sencillos y sedientos campos del Señor y del ser humano.

En su libro, el Primer Hombre, inconcluso porque lo sorprendió la muerte, Albert Camus dice que vivió en la pobreza como en una isla rodeada por un foso, afirma también que el único puente posible para atravesarlo fue la escuela.

Y ahora anda rondando una palabra peligrosa: meritocracia. Un concepto que puede transformarse, según se utilice y se aplique,  en una gran vergüenza.

¿Quién no merece recibir palabras?

¿Cuáles son los requisitos para merecer educación? La educación no se imparte, se devuelve, la educación no es un acto de generosidad sino de justicia. Nos educó la especie humana, su sangre está en nuestros libros, su sudor impregna nuestras sutilezas, su trabajo sostiene las más elaboradas teorías.

¡Qué poco y nada deben saber aquellos que proclaman sus méritos y enumeran sus virtudes para acceder a la dignidad! ¿Nadie les contó que sin la   prodigiosa tarea de todos y del tiempo, que sin la existencia de cada ser sobre este mundo, no serían posibles sus credenciales, ni sus impuestos al día, ni sus empresas? 

Dicen que tenemos muchos y buenos jugadores de fútbol porque los pibes tienen potreros.

También tenemos muchos y grandes escritores porque tenemos educación pública.

Para terminar, quiero reponer todo mi agradecimiento para la facultad donde aprendí tanto, para sus autoridades. Y quiero extender este inmenso reconocimiento que hoy me hacen a mi familia, a todos los docentes de la provincia, a los escritores mendocinos, editados o no, a mis queridos amigos.

Y a alguien más, alguien que se quedó en mi alma y al que quizás nunca pueda escribirle.

Con mi mayor amor y respeto, entrego este momento a la memoria de Aylan Kurdi, aquel niño sirio de tres años, que murió en la playa, escapando de  la inhumanidad.

Lo hago porque en él están todos los niños. Lo tengo presente cuando escribo, y debe estar presente en nuestras aulas. Hasta que la poesía lo regrese, hasta que alguien llame «Aylan Kurdi» Y una voz responda, «Presente, maestra».

Liliana Bodoc.

Texto leído por Liliana Bodoc al recibir el Doctorado Honoris Causa 

de la Universidad Nacional de Cuyo.


"Jamás me desentiendo de este mundo." Liliana Bodoc.

 

Ilustración: Pito Campos


"Sigo pensando que este mundo así no cierra. 
Que hay muchísimas posibilidades de que sea mejor,
 mucho más justo, mucho más humano. 
Y jamás dejo éso de lado a la hora de escribir.
 Jamás me desentiendo de este mundo, 
de la esperanza —utópica dirán muchos, y a mí me importa poco— de transformarlo.
 Siempre pienso que escribir tiene que ver 
también con aportar para transformar el mundo."

Liliana Bodoc.

"Agua". Liliana Bodoc.

La lluvia es agua que saltó al abismo.
El mar es agua bravía.
El llanto es agua picante
si baja por tus mejillas.

Agua con hueso es el hielo.
Agua rota, la cascada
Agua obediente, el arroyo
que baja por las montañas.

¡Cuando el agua tiene sed
desaparece la playa!

Liliana Bodoc .

"Nosotras". Liliana Bodoc.

 

“Amigos por el viento”. Liliana Bodoc

A veces, la vida se comporta como un viento: desordena y arrasa. Algo susurra pero no se le entiende. A su paso todo peligra; hasta lo que tiene raíces. Los edificios, por ejemplo. O las costumbres cotidianas.
Cuando la vida se comporta de ese modo, se nos ensucian los ojos con lo que vemos. Es decir, los verdaderos ojos. A nuestro lado, pasan papeles escritos con una  que creemos reconocer. El  se mueve mas rápido que las horas. Y lo peor es que nadie sabe si, alguna vez, regresará la calma.

Así ocurrió el día que papá se fue de . La vida se nos transformó en viento casi sin dar aviso. Yo recuerdo la puerta que se cerró detrás de su sombra y sus valijas. También puedo recordar la ropa reseca sacudiéndose al sol mientras mamá cerraba las ventanas para que, adentro y adentro, algo quedara en su sitio.

– Le dije a Ricardo que viniera con su hijo. ¿Qué te parece?
– Me parece bien – mentí.

Mamá dejó de pulir la bandeja, y me miró:

– No me lo estás diciendo muy convencida…
– Yo no tengo que estar convencida.
– ¿Y eso que significa? – preguntó la mujer que más preguntas me hizo en mi vida.

Me vi obligada a levantar los ojos del libro:

– Significa que es tu cumpleaños, y no el mío – respondí.

La gata salió de su canasto, y fue a enredarse entre las piernas de mamá.
Que mamá tuviera novio era casi insoportable. Pero que ese novio tuviera un hijo era una verdadera amenaza. Otra vez, un peligro rondaba mi vida. Otra vez había viento en el horizonte.

– Se van a entender bien – dijo mamá -. Juanjo tiene tu edad.

La gata, único ser que entendía mi desolación, saltó sobre mis rodillas. Gracias, gatita buena.
Habían pasado varios años desde aquel viento que se llevó a papá. En casa ya estaban reparados los daños. Los huecos de la biblioteca fueron ocupados con nuevos libros. Y hacía mucho que yo no encontraba gotas de llanto escondidas en los jarrones, disimuladas como estalactitas en el congelador, disfrazadas de pedacitos de cristal. “Se me acaba de romper una copa”, inventaba mamá, que, con tal de ocultarme su tristeza, era capaz de esas y otras asombrosas hechicerías.

Ya no había huellas de viento ni de llantos. Y justo cuando empezábamos a reírnos con ganas y a pasear juntas en bicicleta, aparecía un tal Ricardo y todo volvía a peligrar.
Mamá sacó las cocadas del horno. Antes del viento, ella las hacía cada domingo. Después pareció tomarle rencor a la receta, porque se molestaba con la sola mención del asunto. Ahora, el tal Ricardo y su Juanjo habían conseguido que volviera a hacerlas. Algo que yo no pude conseguir.

– Me voy a arreglar un poco – dijo mamá mirándose las manos. – Lo único que falta es que lleguen y me encuentren hecha un desastre.
– ¿Qué te vas a poner? – le pregunté en un supremo esfuerzo de amor.
– El vestido azul.

Mamá salió de la cocina, la gata regresó a su canasto. Y yo me quedé sola para imaginar lo que me esperaba.
Seguramente, ese horrible Juanjo iba a devorar las cocadas. Y los pedacitos de merengue quedarían pegados en los costados de su boca. También era seguro que iba a dejar sucio el jabón cuando se lavara las manos. Iba a hablar de su perro con tal de desmerecer a mi gata.
Pude verlo por mi casa transitando con los cordones de las zapatillas desatados, tratando de anticipar la manera de quedarse con mi dormitorio. Pero, aún más que ninguna otra cosa, me aterró la certeza de que sería uno de esos chicos que en vez de hablar, hacen ruidos: frenadas de autos, golpes en el estómago, sirenas de bomberos, ametralladoras y explosiones.

– ¡Mamá! – grité pegada a la puerta del baño.
– ¿Qué pasa? – me respondió desde la ducha.
– ¿Cómo se llaman esas palabras que parecen ruidos?

El agua caía apenas tibia, mamá intentaba comprender mi pregunta, la gata dormía y yo esperaba.

– ¿Palabras que parecen ruidos? – repitió.
– Sí. – Y aclaré -: Plum, Plaf, Ugg…

¡Ring!

– Por favor – dijo mamá -, están llamando.

No tuve más remedio que abrir la puerta.

– ¡Hola! – dijeron las rosas que traía Ricardo.
– ¡Hola! – dijo Ricardo asomado detrás de las rosas.

Yo mira a su hijo sin piedad. Como lo había imaginado, traía puesta una remera ridícula y un pantalón que le quedaba corto.
Enseguida, apareció mamá. Estaba tan linda como si no se hubiese arreglado. Así le pasaba a ella. Y el azul les quedaba muy bien a sus cejas espesas.


– Podrían ir a escuchar música a tu habitación – sugirió la mujer que cumplía años, desesperada por la falta de aire. Y es que yo me lo había tragado todo para matar por asfixia a los invitados.

Cumplí sin quejarme. El horrible chico me siguió en silencio. Me senté en una cama. Él se sentó en la otra. Sin dudas, ya estaría decidiendo que el dormitorio pronto sería de su propiedad. Y yo dormiría en el canasto, junto a la gata.
No puse música porque no tenía nada que festejar. Aquel era un día triste para mí. No me pareció justo, y decidí que también él debía sufrir. Entonces, busqué una espina y la puse entre signos de preguntas:

– ¿Cuánto hace que se murió tu mamá?

Juanjo abrió grandes los ojos para disimular algo.

– Cuatro años – contestó.

Pero mi rabia no se conformó con eso:

– ¿Y cómo fue? – volví a preguntar.

Esta vez, entrecerró los ojos.
Yo esperaba oír cualquier respuesta, menos la que llegó desde su voz cortada.

– Fue… fue como un viento – dijo.

Agaché la cabeza, y dejé salir el aire que tenía guardado. Juanjo estaba hablando del viento, ¿sería el mismo que pasó por mi vida?

– ¿Es un viento que llega de repente y se mete en todos lados? – pregunté.
– Sí, es ese.
– ¿Y también susurra…?
– Mi viento susurraba – dijo Juanjo -. Pero no entendí lo que decía.
– Yo tampoco entendí. – Los dos vientos se mezclaron en mi cabeza.

Pasó un silencio.

– Un viento tan fuerte que movió los edificios – dijo él -. Y éso que los edificios tienen raíces…

Pasó una respiración.

– A mí se me ensuciaron los ojos – dije.

Pasaron dos.

– A mí también.
– ¿Tu papá cerró las ventanas? – pregunté.
– Sí.
– Mi mamá también.
– ¿ Por qué lo habrán hecho? – Juanjo parecía asustado.
– Debe de haber sido para que algo quedara en su sitio.

A veces, la vida se comporta como el viento: desordena y arrasa. Algo susurra, pero no se le entiende. A su paso todo peligra; hasta aquello que tiene raíces. Los edificios, por ejemplo. O las costumbres cotidianas.

– Si querés vamos a comer cocadas – le dije.

Porque Juanjo y yo teníamos un viento en común. Y quizás ya era tiempo de abrir las ventanas.

Liliana Bodoc.

" Ruedas" Liliana Bodoc.



“El Tiempo no tiene una sino sus muchas ruedas.
 Una rueda para las criaturas de corazón lento,
 y otra para las de corazón apresurado.
 Ruedas para las criaturas que envejecen lentamente, 
ruedas para las que se hacen viejas con el día.” 



" Relatos " Liliana Bodoc.


“Loѕ relaтoѕ ѕon el мodo мáѕ нυмano del тιeмpo 
y ѕólo narrando, de тarde en тarde, 
de вoca en вoca,
 noѕ нaceмoѕ eтernoѕ” 


"La educación no es un acto de generosidad sino de justicia”. Liliana Bodoc.

Ilustración: Pito Campos

 “Ahora anda rondando una palabra peligrosa: meritocracia.
 Yo pregunto, ¿Quién no merece recibir palabras?
 ¿Cuáles son los requisitos para merecer educación?
 La educación no se imparte, se devuelve,
 la educación no es un acto de generosidad sino de justicia”.

Liliana Bodoc.

" Poema adolorido por Santiago". - Liliana Bodoc -

En Octubre del año pasado, Bodoc se sumó a la campaña por justicia por Santiago Maldonado con un poema titulado" Poema adolorido por Santiago":
"Hoy me despertó el alma.
Anochece, me dijo.
Se pone oscuro mientras hacés fiaca.
Si corrés, llegás antes que la lluvia.
Llevate por delante las frazadas, escupite las manos
y salí con medio pie descalzo.
Pero es ahora, antes de que nazca y le pongan un nombre.
Vestite con tu sombra, improvisá un espejo.
Pero corré.
Si corrés, llegás antes que la muerte.
Antes de que crezca como un gorrión de monte
y se deje la barba.
Llegá para besarlo como un hijo,
un amante, un hermano.
Tu instante de tardanza es su martirio.
Así que levantáte,
ignorá los escombros de tu cuerpo
atropellá el café que se te pone enfrente,
y arrancá para el sur.
Donde sea que esté
habrá una luz naciente,
una señal del cielo,
un grito de la tierra.
Donde sea, en la vida o en la muerte,
Santiago está esperando."

Liliana Bodoc.

" Arte " . Liliana Bodoc.

" El arte es un emergente de la realidad."
"No hay arte sin dignidades.
Como no hay cimas sin siglos de rocas."

Liliana Bodoc.

" Amigos por el viento." Liliana Bodoc.- Cuento -

" A veces la vida se comporta como el viento.
Desordena y arrasa.
Algo susurra pero no se entiende.
A su paso todo peligra.
Hasta aquéllo que tiene raíces."

Liliana Bodoc.

La inesperada muerte de Liliana Bodoc ha impactado en el campo cultural .
Distintos escritores, editores e ilustradores han expresado su congoja . 
Quienes la conocieron en persona, al igual que sus incontables lectores,
 destacan el compromiso de la autora de la Saga de los confines,
 compromiso con la literatura y también con su época, con las ideas.
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