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" Los grandes sentimientos pasean consigo su universo, espléndido o miserable. " Albert Camus.

" Al igual que las grandes obras, los sentimientos profundos siempre significan más de lo que conscientemente dicen.

La constancia de un movimiento o de una repulsión en un alma se encuentra en hábitos de obrar o de pensar, y prosigue con unas consecuencias que la propia alma ignora.
Los grandes sentimientos pasean consigo su universo, espléndido o miserable.
Iluminan con su pasión un mundo exclusivo en el cual recobran su clima.
Hay un universo de los celos, de la ambición, del egoísmo o de la generosidad.
Un universo, es decir una metafísica y una actitud anímica.
Lo que es cierto de sentimientos ya especializados lo será aún más para emociones de base tan indeterminada, a la vez tan confusas y tan «ciertas», tan lejanas y tan «presentes», como las que nos causa lo bello o suscita en nosotros lo absurdo.
La sensación de absurdo a la vuelta de cualquier esquina puede sentirla cualquier hombre.
Como tal, en su desolada desnudez, en su luz sin brillo, es inasible.
Pero esa misma dificultad merece una reflexión.
Probablemente sea cierto que jamás somos capaces de conocer a un hombre y que siempre hay en él algo irreductible que se nos escapa. ”


Albert Camus.
De: "El mito de Sísifo"

"La verdad" . Albert Camus.

" La verdad, como la luz, ciega. 

La mentira, por el contrario, es un bello crepúsculo 

que realza cada objeto".


Albert Camus.

" La realidad del mundo es nuestra patria común". Albert Camus.

 “El mar, la lluvia, la necesidad, el deseo, la lucha contra la muerte… Eso es lo que nos une a todos.

Nos unimos en lo que todos vemos, en lo que conjuntamente sufrimos.

Los sueños cambian de un hombre a otro, pero la realidad del mundo

es nuestra patria común".

Albert Camus

"Fascismo." Albert Camus.


 "Toda forma de desprecio, si interviene en la política,

 prepara o instaura el fascismo".


Albert Camus.

" Arte de vivir en tiempos de catástrofe ." Albert Camus.

“Tuvieron que labrarse un arte de vivir en tiempos de catástrofe
 para nacer una segunda vez, y en seguida luchar, a rostro descubierto,
 contra el instinto de muerte que está activo en nuestra historia.”
Albert Camus

" Lógica de la rebeldía." Albert Camus.


"La lógica del rebelde es querer servir a la justicia
 para no aumentar la injusticia de su condición,
 esforzarse en el lenguaje claro para no espesar la mentira universal
 y apostar, frente al dolor de los hombres, por la felicidad."

Albert Camus.

" Sentido del mundo ." Albert Camus.

 "Amo demasiado al hombre para ser nacionalista".
Camus.

"Nunca ha creído usted en el sentido de este mundo, y de ello ha extraído la idea de que todo era equivalente y de que el bien y el mal se definían a su antojo. 
Suponía que, en ausencia de toda moral humana o divina, los únicos valores eran los que regían el mundo degradado, o sea, la violencia y la astucia . 
Yo, por el contrario, he elegido la justicia para permanecer fiel a la tierra.
 Sigo creyendo que este mundo no tiene un sentido superior.
 Pero sé que algo en él tiene sentido
 y es el hombre, el único ser que exige tenerlo".

Albert Camus.

" Crecí en el mar..." Albert Camus.

"Crecí en el mar y la pobreza fue para mí fastuosa.
 Después perdí el mar
 y todos los lujos me parecieron grises."

Albert Camus.

Carta de Camus a su "maestro" al recibir el premio Nobel.


"Bendito el corazón
 que se puede doblar
 porque nunca se romperá"

Camus


9 de noviembre de 1957
Querido Sr. Germain:
Dejé que el bullicio que me ha rodeado estos días se apaciguara antes de escribirle con todo mi corazón.
 Recién recibí un muy grande honor que ni busqué ni pedí, pero que una vez que supe de la noticia, mi primer pensamiento, después de mi madre, fue para usted. 
Sin usted, sin esta mano afectuosa que usted tendió al pequeño niño pobre que era, sin su enseñanza y su ejemplo, nada de todo esto hubiera ocurrido. No me hago una gran impresión de este tipo de honor.
Pero ésta es al menos una oportunidad para decirle lo que usted fue y aún es para mí, y para asegurarle que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso en esto, se encuentran todavía vivos en el interior de uno de sus pequeños educandos, quien, aún con la edad, no ha dejado de ser su alumno agradecido.
 Lo abrazo con todas mis fuerzas.
Afectuosamente,
Albert Camus

" Sísifo". Albert Camus .


" La dicha y lo absurdo son dos hijos de la misma tierra.
 Son inseparables. 
Sería un error decir que la dicha nace forzosamente del descubrimiento absurdo.
 Sucede también que la sensación de lo absurdo nace de la dicha. «Juzgo que todo está bien», dice Edipo, y esta palabra es sagrada.
 Enseña que todo no es ni ha sido agotado.
 Hace del destino un asunto humano.
 Toda la alegría silenciosa de Sísifo consiste en eso.
 Su destino le pertenece. 
En el universo vuelto de pronto a su silencio se alzan las mil voces maravillosas de la tierra.
 No hay sol sin sombra y es necesario conocer la noche."
Albert Camus.
" El mito de Sísifo."

" El mito de Sísifo." Albert Camus.


Los dioses habían condenado a Sísifo a empujar sin cesar una roca hasta la cima de una montaña, desde donde la piedra volvería a caer por su propio peso.
 Habían pensado con algún fundamento que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza.

Si se ha de creer a Homero, Sísifo era el más sabio y prudente de los mortales.

 No obstante, según otra tradición, se inclinaba al oficio de bandido. No veo en ello contradicción. Difieren las opiniones sobre los motivos que le convirtieron en un trabajador inútil en los infiernos.

 Se le reprocha, ante todo, alguna ligereza con los dioses. Reveló sus secretos.
 Egina, hija de Asopo, fue raptada por Júpiter. Al padre le asombró esa desaparición y se quejó a Sísifo.
 Éste, que conocía el rapto, se ofreció a informar sobre él a Asopo con la condición de que diese agua a la ciudadela de Corinto.
 Prefirió la bendición del agua a los rayos celestes.
Por ello le castigaron enviándole al infierno.
 Homero nos cuenta también que Sísifo había encadenado a la Muerte.
Plutón no pudo soportar el espectáculo de su imperio desierto y silencioso. Envió al dios de la guerra, quien liberó a la Muerte de manos de su vencedor.
 Se dice también que Sísifo, cuando estaba a punto de morir, quiso imprudentemente poner a prueba el amor de su esposa. le ordenó que arrojara su cuerpo sin sepultura en medio de la plaza pública. 
Sísifo se encontró en los infiernos y allí irritado por una obediencia tan contraria al amor humano, obtuvo de Plutón el permiso para volver a la tierra con objeto de castigar a su esposa.
 Pero cuando volvió a ver este mundo, a gustar del agua y el sol, de las piedras cálidas y el mar, ya no quiso volver a la sombra infernal.
Los llamamientos, las iras y las advertencias no sirvieron para nada. 
Vivió muchos años más ante la curva del golfo, la mar brillante y las sonrisas de la tierra. 
Fue necesario un decreto de los dioses.
 Mercurio bajó a la tierra a coger al audaz por la fuerza, le apartó de sus goces y le llevó por la fuerza a los infiernos, donde estaba ya preparada su roca.
 Se ha comprendido ya que Sísifo es el héroe absurdo. 
Lo es en tanto por sus pasiones como por su tormento.
 Su desprecio de los dioses, su odio a la muerte y su apasionamiento por la vida le valieron ese suplicio indecible en el que todo el ser dedica a no acabar nada. 
Es el precio que hay que pagar por las pasiones de esta tierra. no se nos dice nada sobre Sísifo en los infiernos. los mitos están hechos para que la imaginación los anime.
 Con respecto a éste, lo único que se ve es todo el esfuerzo de un cuerpo tenso para levantar la enorme piedra, hacerla rodar y ayudarla a subir una pendiente cien veces recorrida; se ve el rostro crispado, la mejilla pegada a la piedra, la ayuda de un hombro que recibe la masa cubierta de arcilla, de un pie que la calza, la tensión de los brazos, la seguridad enteramente humana de dos manos llenas de tierra.
 Al final de ese largo esfuerzo, medido por el espacio sin cielo y el tiempo sin profundidad, se alcanza la meta. Sísifo ve entonces como la piedra desciende en algunos instantes hacia ese mundo inferior desde el que habrá de volverla a subir hacia las cimas, y baja de nuevo a la llanura.
 Sísifo me interesa durante ese regreso, esa pausa.
 Un rostro que sufre tan cerca de las piedras es ya él mismo piedra.
Veo a ese hombre volver a bajar con paso lento pero igual hacia el tormento cuyo fin no conocerá.
 Esta hora que es como una respiración y que vuelve tan seguramente como su desdicha, es la hora de la conciencia. 
En cada uno de los instantes en que abandona las cimas y se hunde poco a poco en las guaridas de los dioses, es superior a su destino.
 Es más fuerte que su roca. Si este mito es trágico, lo es porque su protagonista tiene conciencia.
¿En qué consistiría, en efecto, su castigo si a cada paso le sostuviera la esperanza de conseguir su propósito?. 
El obrero actual trabaja durante todos los días de su vida en las mismas tareas y ese destino no es menos absurdo.
Pero no es trágico sino en los raros momentos en que  se hace consciente. 
Sísifo, proletario de los dioses, impotente y rebelde conoce toda la magnitud de su condición miserable: en ella piensa durante su descenso.
 La clarividencia que debía constituir su tormento consuma al mismo tiempo su victoria.
 No hay destino que no venza con el desprecio.
Por lo tanto, si el descenso se hace algunos días con dolor, puede hacerse también con alegría.
 Esta palabra no está de mas.
 Sigo imaginándome a Sísifo volviendo hacia su roca, y al dolor que estaba al comienzo.
 Cuando las imágenes de la tierra se aferran demasiado fuertemente al recuerdo, cuando el llamamiento de la dicha se hace demasiado apremiante, sucede que la tristeza surge en el corazón del hombre: es la victoria de la roca, la roca misma.
 La inmensa angustia es demasiado pesada para poderla sobrellevar.
 Son nuestras noches de Getsemaní.
Sin embargo, las verdades aplastantes perecen al ser reconocidas.
 El Edipo de Sófocles, como el Kirilov de Dostoievsky, da así la fórmula de la victoria absurda.
 La sabiduría antigua coincide con el heroismo moderno.
 No se descubre lo absurdo sin sentirse tentado a escribir algún manual de la dicha.
 «¿Cómo? ¿Por caminos tan estrechos...?». 
Pero no hay más que un mundo. La dicha y lo absurdo son dos hijos de la misma tierra. Son inseparables. 
Sería un error decir que la dicha nace forzosamente del descubrimiento absurdo.
 Sucede también que la sensación de lo absurdo nace de la dicha. «Juzgo que todo está bien», dice Edipo, y esta palabra es sagrada.
 Resuena en el universo y limitado del hombre.
 Enseña que todo no es ni ha sido agotado.
 Expulsa de este mundo a un dios que había entrado en él con la insatisfacción y afición a los dolores inútiles. Hace del destino un asunto humano, que debe ser arreglado entre los hombres.
 Toda la alegría silenciosa de Sísifo consiste en eso.
 Su destino le pertenece. Su roca es su cosa.
 Del mismo modo el hombre absurdo, cuando contempla su tormento, hace callar a todos los ídolos.
En el universo vuelto de pronto a su silencio se alzan las mil vocecitas maravillosas de la tierra.
 Llamamientos inconscientes y secretos, invitaciones de todos los rostros constituyen el reverso necesario y el premio de la victoria.
 No hay sol sin sombra y es necesario conocer la noche
 El hombre absurdo dice que sí y su esfuerzo no terminará nunca.
 Si hay un destino personal, no hay un destino superior, o, por lo menos no hay más que uno al que juzga fatal y despreciable.
 Por lo demás, sabe que es dueño de sus días. 
En ese instante sutil en que el hombre vuelve sobre su vida, como Sísifo vuelve hacia su roca, en ese ligero giro, contempla esa serie de actos desvinculados que se convierten en su destino, creado por él, unido bajo la mirada de su memoria y pronto sellado por su muerte.
 Así, persuadido del origen enteramente humano de todo lo que es humano, ciego que desea ver y que sabe que la noche no tiene fin, está siempre en marcha.
 La roca sigue rodando.
Dejo a Sísifo al pie de la montaña.
 Se vuelve a encontrar siempre su carga.
 Pero Sísifo enseña la fidelidad superior que niega a los dioses y levanta las rocas.
 Él también juzga que todo está bien.
 Este universo en adelante sin amo no le parece estéril ni fútil.
 Cada uno de los granos de esta piedra, cada trozo mineral de esta montaña llena de oscuridad forma por sí solo un mundo.
 El esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para llenar un corazón de hombre.
Hay que imaginarse a Sísifo dichoso.
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