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"Mis versos." Gata Cattana.


 Se me tuercen los renglones,

se me caen.

Se me hunden en los mares.

Por la carga que soportan las palabras

al servir del dicho al hecho,

al sentido, inexpresable.

Se me caen.

Y aunque tenga yo el propósito

de escribirlos derechitos,

luego firman encorvados

por el peso de la vida.

Mis versos cansados, ¡ay!,

mis versos errantes,

manifestación de mí,

de mi paso por el mundo,

cual acuse de recibo,

que, aunque vivan más allá,

son la copia de la vida que yo llevo:

así, torcidos.

Y por más que tiro, que casi me ahogo

al sacarlos a flote,

no quieren nadar y subir a mi barco.

Mis versos hundidos.

Si no puedo sacarlos

que me arrastren consigo.


Gata Cattana.

"Oficio." Gata Cattana.




" Tu oficio"

"Tu oficio, poeta,
es esculpir utopías
donde no puede haberlas."

Gata Cattana

Tu oficio



Tu oficio, poeta,



no es almacenar palabras

eruditas,
rimbombantes,
ornamentales.



No es disponerlas en su

orden yámbico,
en perfecto soneto gongorino,
ni siquiera clasificarlas
burdamente en función
de la terminación
y la rima.



Porque tú nunca

fuiste matemático, poeta.
Tú nunca fuiste geógrafo ni físico
y no entiendes de distancias
ni unidades de medida
y no entiendes de lógica pura
ni de leyes invictas.



Porque tú nunca

fuiste científico, poeta,
y por eso mismo
no entiendes de estadística
ni de cuántica avanzada
ni de biopolítica
y no es tu oficio
establecer las fórmulas
del cosmos.



No es tu oficio el análisis forense

por más que te empeñes
así como no lo es tampoco
el psicoanálisis ni la neurociencia.



Tu oficio, poeta,

es esculpir utopías

donde no puede haberlas.
Acabar con la ley de la gravedad
y juntar el cielo con la tierra,
el bien con el mal,
de la forma más humana
y menos despreciable
que te permita tu especie.



Tu oficio, poeta,

es dignificar la especie.
Hacer que quepa la duda,
decir: "Algunos eran buenos.
Algunos no eran prescindibles"



Que mañana,

cuando hayan pasado los siglos
se diga:



"No todos fueron Judas.

Los hubo Robin Hoodes
y  Quijotes,
los hubo Baudelaires
y Esproncedas,
las hubo Antígonas,
las hubo Safos...
Los hubo Valle Inclanes
y Cañameros."



Que de toda nuestra obra

una parte se salve.


Que merezca la pena

el raciocinio.


Que el conocimiento no sea

una amenaza.


Tu oficio, poeta,

es dignificar la especie.
Escoger las palabras
que pondrías en tu lápida.
Decir, por ejemplo:
"No todos eran prescindibles".



Merecerte la vida

hasta tal punto,
que tu muerte parezca
una injusticia.



Y dejarte ir,

como si nada,
como todos,
(poetas o no)
hacia la larga
y aburrida
eternidad.


Gata Cattana
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