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" Ángel caído."Oliverio Girondo.

"¿Surgió de bajo tierra? 
¿Se desprendió del cielo? 
Estaba entre los ruidos, 
herido, 
malherido, 
inmóvil, 
en silencio, 
hincado ante la tarde, 
ante lo inevitable, 
las venas adheridas 
al espanto, 
al asfalto, 
con sus crenchas caídas, 
con sus ojos de santo, 
todo, todo desnudo, 
casi azul, de tan blanco. 

Hablaban de un caballo. 
Yo creo que era un ángel."

Oliverio Girondo.

"Tardará ... tardará..." - Oliverio Girondo -

-Eduardo Kingman -
Artista ecuatoriano
Tardará, tardará. 
Ya sé que todavía 
los émbolos, 
la usura, 
el sudor, 
las bobinas 
seguirán produciendo, 
al por mayor, 
en serie, 
iniquidad, 
ayuno, 
rencor, 
desesperanza; 
para que las lombrices con huecos portasenos, 
las vacas de embajada, 
los viejos paquidermos de esfínteres crinudos, 
se sacien de adulterios, 
de hastío, 
de diamantes, 
de caviar, 
de remedios. 


Quizás, un día, 

antes de que la tierra se canse de atraernos 
y brindarnos su seno, 
el cerebro les sirva para sentirse humanos, 
ser hombres, 
ser mujeres, 
-no cajas de caudales, 
ni perchas desoladas-, 
someter a las ruedas, 
impedir que nos maten, 
comprobar que la vida se arranca y despedaza 
los chalecos de fuerza de todos los sistemas; 
y descubrir, de nuevo, que todas las riquezas 
se encuentran en nosotros y no bajo la tierra. 

Oliverio Girondo

"Solidaridad". Oliverio Girondo.

"Solidario por predestinación y por oficio. 
Solidario por atavismo, por convencionalismo.
 Solidario a perpetuidad.
 Solidario de los insolidarios 
y solidario de mi propia solidaridad."

Oliverio Girondo

" Lo que esperamos" . Oliverio Girondo.

Tardará, tardará.

Ya sé que todavía
los émbolos,
la usura,
el sudor,
las bobinas
seguirán produciendo,
al por mayor,
en serie,
iniquidad,
ayuno,
rencor,
desesperanza;
para que las lombrices con huecos portasenos,
las vacas de embajada,
los viejos paquidermos de esfínteres crinudos,
se sacien de adulterios,
de hastío,
de diamantes,
de caviar,
de remedios.



Ya sé que todavía pasarán muchos años
para que estos crustáceos
del asfalto
y la mugre
se limpien la cabeza,
se alejen de la envidia,
no idolatren la saña,
no adoren la impostura,
y abandonen su costra
de opresión,
de ceguera,
de mezquindad.
de bosta.



Pero, quizás, un día,
antes de que la tierra se canse de atraernos
y brindarnos su seno,
el cerebro les sirva para sentirse humanos,
ser hombres,
ser mujeres,
-no cajas de caudales,
ni perchas desoladas-,
someter a las ruedas,
impedir que nos maten,
comprobar que la vida se arranca y despedaza
los chalecos de fuerza de todos los sistemas;
y descubrir, de nuevo, que todas las riquezas
se encuentran en nosotros y no bajo la tierra.



Y entonces...
¡Ah!, ese día
abriremos los brazos
sin temer que el instinto nos muerda los garrones,
ni recelar de todo,
hasta de nuestra sombra;
y seremos capaces de acercarnos al pasto,
a la noche,
a los ríos,
sin rubor,
mansamente,
con las pupilas claras,
con las manos tranquilas;
y usaremos palabras sustanciosas,
auténticas;
no como esos vocablos erizados de inquina
que babean las hienas al instarnos al odio,
ni aquellos que se asfixian
en estrofas de almíbar
y fustigada clara de huevo corrompido;
sino palabras simples,
de arroyo,
de raíces,
que en vez de separarnos
nos acerquen un poco;
o mejor todavía
guardaremos silencio
para tomar el pulso a todo lo que existe
y vivir el milagro de cuanto nos rodea,
mientras alguien nos diga,
con una voz de roble,
lo que desde hace siglos
esperamos en vano.

Oliverio Girondo
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