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" Lo que me llevaré..." Myrian Lucy Rezende.

 

Pasado mi tiempo, cuando en la interminable lista de días impresos en el calendario ya no haya junios para mí, me llevaré a casa sin remordimientos:
Muchas sonrisas que regalé.
 Algunas risas que se derramaron en las conversaciones con mi madre;
 detalles de la mirada que tenía mi padre sobre todo;
 los lazos que he atado a mis hermanos; 
muchas canciones;
 la sorpresa delante de cualquier ave, ante toda belleza que vuela; 
el silencio ante las bellezas, que han sido siempre mis oraciones más indescriptibles.
Me llevaré unos sábados por la tarde, y unos viernes inolvidables y la luna
Me llevaré muchos textos que me encantaron; los colores de las flores y el cielo.
 Tomaré trozos realmente grandes de los otoños y sus luces mágicas.
 Me llevaré a mis amigos, tíos y tías, primos y mis historias de infancia.
 Tomaré mi amor incondicional por los árboles y por lo más pequeño y verde.
 Me llevaré las flores del campo y su sencillez cubierta de mañanas.
Me llevo todas las margaritas, porque sin ellas, ningún lugar estaría completo. 

Tomaré lo que he sido y lo que no pude ser. 
Me llevaré a mis hijos, la hija y el hijo que crié. 
Llevaré el ruido de las aguas que habitan el mundo de las más variadas maneras hasta llegar al lugar donde, juntas, se llaman mar.
Y del mar tomaré el olor.
 Y tomaré las palabras, porque sin ellas no hay salvación.

Myrian Lucy Rezende.

" Nuestro lugar . " Myrian Lucy Rezende.


" Yo vengo de tierras lejanas, y tú en sentido contrario.

Cuando me ves, sonríes, me miras a los ojos, me tiendes la mano.


Ya no importa de dónde vengo, si tú vienes de allí o no.


Extendemos una toalla, en el piso de la vida compartimos pan.

 Y el alma, la risa, la tonada, la canción.


Para eso están los amigos, 

para recordarnos que nuestro lugar siempre es

 donde somos aceptados y amados. "


Myrian Lucy Rezende

" Andar lento y mirada larga." Miryan Lucy Rezende.

 


"Cuando envejecí aún era joven... por eso tengo un andar lento y una mirada larga.

 Así entiendo la urgencia de la vida dentro de la paciencia 

que tanto se necesita.

 Porque si nada es para ahora, nada se repite tampoco,

 y un retraso, amigo mío, un retraso puede significar más 

que un después; puede significar nunca más."


Miryan Lucy Rezende

" Sólo quien vive bien los agostos es merecedor de la primavera.". Myrian Lucy Rezende .


Lo recuerdo bien.
 Fue cuando Julio se fue, que un viento helado e insulso, que arrastraba todavía las hojas abandonadas por el otoño, me dijo algunas verdades.
 Me convenció de que el cielo empezaría a metamorfosearse de rojo. 
Que el polvillo que levanta el viento enseña que las cosas no siempre permanecen en el mismo lugar y que, al final, hay que entender que sólo se asienta cuando los remolinos se van.
 Fue cuando Julio se fue que mi soledad me invitó a una conversación conmigo mismo.
 Y me habló de tiempos de esperas. 
Y me dijo que el ruido de los árboles tenía algo para decir sobre la aceptación. 
Y yo me quedé pensando, cómo es que ellos, los árboles, aceptan las estaciones al punto que, si los estremecen, también les florecen los brotes. 
Pero todo a su tiempo. 
Fue en agosto que descubrí que los perros locos son los gritos que no lanzamos al viento.
 Son los estremecimientos particulares que nuestra rigidez de certezas no nos permite encarar.
 El mes de agosto tiene mucho para enseñar. Porque agosto es un mes jardinero. 
Es dentro de él, cuna del invierno, donde las semillas duermen. Aguardan su tiempo de brotar.
 Agosto es guardador de buenas nuevas, preparador de flores. 
Agosto es cuando Dios permite a la naturaleza traducir visiblemente el tiempo de las mutaciones. Mute, dice agosto en su mensaje de semillas.
 Acepte, dice agosto, como el viento frío que levanta el polvillo y enrojece el cielo.
 Comparta, dice agosto, abrigos, sopas calentitas, cafés con chocolate, abrazos apretados –ellos también abrigan el alma y anidan el cuerpo-. 
Distribuya sus afectos.
 El invierno es acogimiento, es tiempo de preparar septiembre.
 Y, de septiembre, ya sabemos qué esperar… la explosión de colores que en sus más variados nombres vienen en forma de flores. 
Apreciemos agosto, lo recibamos con el feliz espanto de quien desafía vientos.
 Que desarregle y esparza las hojas, que levante los polvillos al aire.
 Acepte las esperas pero vaya colocando las macetas en la ventana.
 Sólo quien vive bien los agostos es merecedor de la primavera.
Myrian Lucy Rezende ~


Escritora. Educadora Infantil
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