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" Reflexiones." Carlos Alberto Boaglio .


Las palabras son puentes.
 Las palabras son balas. Caricias y estocadas. La mano abierta o el puño cerrado. Son surco, herida, cicatriz…sonrisa y lágrima. Gigantes, enanas, artísticas, prácticas.
Son hallazgos y ausencias. De encuentros, de adioses. Puertas y trancas, que edifican o depravan
Las palabras acercan... las palabras distancian.

Una palabra de afecto enciende el farol que ilumina el alma.
Que tu reflexión sea, siempre, más rápida que tu lengua.

Si perdemos la capacidad de asombro y la capacidad de emocionarnos, la rutina se instalará en el alma y sólo seremos absurdos autómatas repitiendo, casi por inercia, cada uno de los actos de nuestras vidas.
No dejes tu vida sentada en el cordón de la vereda y no pases frente a ella corriendo indiferente. Súbete con ella al caballo de la aventura y sé el protagonista de tu propio destino.
La realidad tiene mil formas. Es de sabios saber observarla.

Si hoy tienes en tus manos un ramillete de flores frescas, no pienses en ellas cuando estén marchitas.
La orientación de nuestros pasos debe estar guiada por la brújula de nuestras convicciones.
La verdad hace equilibrio en la cuerda floja de la discrepancia.
En la hamaca de la vida se columpia el tiempo.
La rutina es una herrumbre que corrompe los sentidos.
Sin esperanza se achica el futuro.
No importa de dónde viene la luz... lo esencial es que ilumine.
Un rayo de luz que entra por el ojo de una cerradura puede iluminar el cuarto más oscuro.
La única forma de “ver” es mirar con los ojos del alma.
El alma es un finísimo cristal que se balancea misteriosamente en el interior de cada ser.
Si el alma duele; duele todo.
Con el espíritu vacío, nada material me sirve.
Nuestra lámpara interior marca la intensidad de nuestra luz.
El mejor encuentro que podemos tener en nuestro viaje es el encuentro con nosotros mismos.
Descubrirse uno es encontrar al otro.
Los aplausos y los halagos suelen ser superficiales. 
El verdadero éxito está en la profundidad de cada uno de nosotros.
Hay dolores que no se curan con perdones.
Si somos capaces de traicionarnos a nosotros mismos, será muy fácil traicionar a los demás.
Las apariencias son el ropaje de la hipocresía.
Postergar no significa claudicar.
 Conceder no significa renunciar.
Una hoja de un árbol cae para que nazca otra nueva.
Hay personas que se involucran con la realidad; otras, simplemente la observan y otras, la niegan constantemente.

El amor es, por sobre todas las cosas, un acto de profunda y auténtica honestidad, con nosotros mismos y con los demás.
El verdadero amor está en la entrega, en el despojo y en la libertad de uno y del otro.
El río de la vida tiene trayectos de remansos y turbulencias. 
En una pequeña embarcación, frágil y vulnerable, viajamos los hombres con el bagaje de nuestra propia y única historia….Debemos esforzarnos para conducir nuestra barca por el cauce adecuado a cada circunstancia para llegar en paz a la desembocadura.
De los que me dañaron aprendí lo que nunca debo hacer.
Es ante la desesperación cuando el ser humano desnuda toda su grandeza o toda su miseria.
La tijera de la dependencia económica corta, con sutileza, la tela de la libertad interior.
El mañana es el hoy que se mira en el espejo.
Hay luces que son guías en las noches oscuras, y otras que enceguecen peligrosamente.

De vez en cuando, y tal vez más seguido, deberíamos realizar acciones que valgan la pena poder compartirlas.

Mientras el sol se esconde, la noche pone en marcha su proyecto.
Los árboles de tronco delgado, también proyectan su sombra.
Siempre es importante cambiar el ángulo de la mirada y situarse en el lugar del otro.
Una taza de café humeante es, siempre, una invitación, que convida a compartir un cálido momento.
Que tu bandera sea siempre la verdad, escoltada por el respeto y la capacidad de escucha ante la diversidad de opiniones.

Carlos Alberto Boaglio

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