Ni académicos ni vanguardistas dudan que “Sin pan y sin trabajo” fue la primera pintura que estuvo dirigida a crear una conciencia de la clase obrera. 

Ernesto de la Cárcova, que había regresado ese año al país, expuso esa obra en el Salón del Ateneo en 1894 que cuenta una historia triste, de pobreza, miedo y hambre.

Un hombre y una mujer sentados a la mesa en una habitación oscura; la mujer parece agotada, pero, con la poca fuerza que le queda, amamanta a su hijo.

Él también está cansado, de las injusticias sobre todo; mira a través de la ventana cómo la policía montada reprime una manifestación obrera y enojado golpea la mesa.