"Me parece interesante ahondar en la idea de que hay una doble vara a la hora no solo de analizar los genocidios sino de que estos nos “conmuevan”. No podríamos jamás soportar que una escuela se llame Jorge Rafael Videla o Emilio Massera y sin embargo las escuelas se pueden llamar Julio Argentino Roca, Enrique Rostagno, Victorica y otros tantos militares de las avanzadas cívico militares de las campañas al Desierto, tanto de la Patagonia como del Chaco.
Lo que me parece, y es algo que también menciona Diana Lenton,
es la idea de que “nos duele si la víctima se nos parece”,
entonces como esa víctima es un “otro” y está conformado
en la idea de otredad, nos duele menos, nos conmueve menos.
Lo digo muy a menudo en relación a las víctimas del femicidio.
Una víctima del femicidio blanca, urbana, de clase media
va a tener un nivel de identificación, de conmoción
y de dolor más alto frente a otras muertes violentas,
por motivos de género, de mujeres indígenas
de quienes no circulan noticias, o no conmueven
y si circulan son para estigmatizarlo como algo cultural.
El movimiento de “Mujeres indígenas por el buen vivir”
viene denunciando lo que se llama la práctica del chineo,
que se refiere a la violación de mujeres indígenas
por parte criollos, como una práctica establecida
en diversos lugares del país.
Y les cuesta mucho que esta información y que sus demandas
circulen porque de estos temas se habla en pocos ámbitos."
Luciana Mignoli


