Cuando nos vamos del pago
nos damos cuenta, ya lejos,
que el pago viene con uno
llorando adentro del pecho.
Cuando uno se va alejando
de los lugares queridos
la sangre entera es recuerdo
y hasta es recuerdo el olvido.
Ir llorando en los caminos
sin olvido ni consuelo,
mojando con sal la tierra
debajo del dulce cielo.
Aunque se sequen los ojos
ir llorando por adentro,
el corazón contraído
como una flor en el fuego.
Cuando andamos otros pagos
no somos nosotros solos,
hablamos y ya se sabe
que el pago va con nosotros.
Andar andando caminos
sin poder volver atrás,
como el río peregrino
que no regresa jamás.
Siempre soñando volver
andamos en otros pueblos.
¿No es el sueño recordar,
recordar no es sólo un sueño?
Los sueños son traicioneros,
lo agarran a uno dormido;
los recuerdos como perros
nos siguen por el camino.
Si hay pena más dolorosa
que la de ser forastero
cuando en el pago de uno
lo tratan como a extranjero.
Coplas.

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