
Pelaje blanco y manchas tornasoladas.
Apareció un día de estío y no se marchó más.
Esparcía alegría, plenitud recorriendo todos los espacios.
Una chispa de inteligente osadía inundó el hogar .
Fue feliz.
Aceptó con agrado abrazos y mimos sabiendo, tal vez ,
que había encontrado su lugar en el mundo.
Olvidó su pasado errático , callejero y los maltratos recibidos.
Sabía cómo expresar amor y recibirlo.
Demandante y querible.
Rebelde y dulce.
Insociable con los extraños.
Se apagó un atardecer de otoño
y voló hacia el silencio y el adiós definitivo.
Hacia ese cosmos donde residen los seres
que pasan por nuestra vida llenándola de luz.
Dejó huellas de honda calidez en nuestros corazones.
Alejo Márquez.
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